viernes, 27 de noviembre de 2009

No tienes cara

Lo encaré, oh, sí,
por fin, aquel día,
nos habíamos citado
donde siempre.

No estaba nerviosa,
él tampoco. Pidió café.
Quiso culparme
de todo. Yo pedí agua.

No tienes cara
para decirme esto,
le dije y lo dejé.
Paga la cuenta.

Se quedó a leer
la letritas del sobre
sustituto de azúcar
sin parpadear.

(De Cuelgo y te alcanzo, 2002)

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